Un día después, el domingo 21 de diciembre, fuerzas estadounidenses abordaron el buque Bella-1, también con bandera panameña y vinculado a capitales chinos, que se dirigía hacia Venezuela para cargar crudo. Este navío se encuentra bajo sanciones del Departamento del Tesoro desde 2024 por sus vínculos con Irán y el grupo libanés Hezbolá.
El gobierno de Nicolás Maduro reaccionó con dureza, calificando las operaciones como un “robo y secuestro” y denunciando la “desaparición forzada” de las tripulaciones. Caracas anunció que llevará el caso ante el Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que la vicepresidenta Delcy Rodríguez advirtió que los responsables enfrentarán consecuencias judiciales.
Por su parte, Washington sostiene que estas acciones forman parte de una campaña para bloquear el comercio de petróleo sancionado, que según la Casa Blanca financia actividades ilícitas como narcotráfico y terrorismo. El presidente Donald Trump había anunciado días antes un “bloqueo total” a los buques sancionados que entren o salgan de Venezuela.
Las exportaciones de crudo venezolano han sufrido una fuerte caída, con decenas de buques varados en aguas nacionales para evitar ser interceptados. Analistas advierten que una interrupción prolongada de cerca de un millón de barriles diarios podría presionar al alza los precios del petróleo. Venezuela recibió respaldo de Irán, que calificó las acciones de EE.UU. como ilegales y ofreció cooperación.lc