Opinión

Entre el brillo vacío y la urgencia de iluminar. Tener luz no es sólo brillar… Es iluminar.

Árbol gigante con raíces de valores culturales y hojas de palabras como (Foto: Imagen generada por inteligencia artificial - Cibeles AI).

Un liderazgo desacreditado

Margarita Mendoza | Miércoles 26 de noviembre de 2025
El liderazgo actual se ha desvirtuado, con figuras que priorizan su ego sobre el crecimiento de otros. La sociedad está influenciada por el sensacionalismo y la cultura superficial. Es urgente promover un liderazgo auténtico y valores culturales para construir una nación más digna y solidaria.

Un liderazgo desacreditado En tiempos donde la palabra liderazgo parece desgastada, abundan figuras que se exhiben en escenarios políticos, comunitarios, empresariales y hasta familiares, pero que carecen de lo esencial: la capacidad de iluminar a otros, acompañarlos en su crecimiento y abrirles espacio para desplegar su potencial.

La mayoría de estos líderes prefieren inflar su ego y repetir: primero yo, luego yo. Sus redes sociales son vitrinas de sí mismos, nunca plataformas para reconocer o impulsar a los demás. Están tan ocupados en resaltar sus cualidades que no les queda tiempo para descubrir las de quienes los rodean.

Vivimos en una sociedad plagada de antivalores. Nuestros jóvenes, cada vez más expuestos al sensacionalismo vacío, carecen de cultura general y se dejan seducir por el espectáculo inmediato.

Hoy las noticias de primera plana giran en torno a Alofoke, con su ejército de personajes que restan más que suman. Han hecho historia en audiencia, cuentan con decenas de patrocinadores y reciben a diario visitas de la farándula.

La fiesta nunca termina, mientras el Ministerio de Cultura permanece ausente ante un fenómeno tan poco enriquecedor. Por otro lado, Bad Bunny, el reguetonero que fue reconocido como “Poeta del Año”, ofrece letras repetitivas y vulgares que apenas superan las 30 palabras.

Sin embargo, su influencia es tan poderosa que miles de jóvenes —y también padres— pagan precios exorbitantes para asistir a sus conciertos, en un país que clama pobreza.

La contradicción es evidente: quienes denuncian la mala distribución de las riquezas son los mismos que gastan miles de pesos en espectáculos de consumo efímero.

Es hora de que nuestras autoridades concentren sus esfuerzos en lo que realmente construye nación: ampliar el apoyo a academias de música, teatro y danza; reintroducir la enseñanza de moral y cívica en las escuelas; promover un liderazgo auténtico basado en la empatía y el servicio; y reforzar la identificación con nuestros valores culturales, para que juntos podamos forjar una sociedad más digna, consciente y solidaria.

El verdadero liderazgo no se mide por la cantidad de seguidores ni por la estridencia de los reflectores. Se mide por la capacidad de iluminar caminos, de abrir oportunidades y de sembrar valores que trasciendan. Si queremos una mejor nación, debemos apostar por líderes que no sólo brillen, sino que iluminen.

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