En el prólogo, King define la esencia de los cuentos de hadas como “un exterior luminoso, un centro oscuro y terrible, y unos niños valientes e ingeniosos”. Esta reinterpretación no es la excepción: la historia conserva la estructura tradicional, pero incorpora elementos inquietantes y simbólicos que enriquecen la experiencia lectora.
El proyecto nació tras el impacto que causaron en King dos ilustraciones de Sendak: una bruja con una bolsa de niños raptados y una casita de caramelo que se transforma en un rostro siniestro. A partir de esas imágenes, el autor construyó una narrativa que, según la editora Verónica Fajardo, “llena de vida los decorados” y ofrece una lectura intensa y accesible para el público infantil.
La casita, que al principio parece dulce y acogedora, comienza a oler a frutas y verduras podridas, en una metáfora visual que refleja el contraste entre apariencia y realidad. “¿Suena terrible? Quizás”, comenta Fajardo, “pero es una lectura adecuada para niños, que aprenderán que pueden salir adelante incluso en los momentos más difíciles”.lc
King, autor de más de 70 best sellers como El resplandor, Cementerio de animales y Misery, reconoce que ha pasado gran parte de su carrera escribiendo sobre niños como Hansel y Gretel: valientes, ingeniosos y enfrentados a lo desconocido.
La obra se suma al legado de Maurice Sendak, uno de los grandes ilustradores de la literatura infantil, galardonado con premios como el Hans Christian Andersen y el Astrid Lindgren. Juntos, King y Sendak —aunque en tiempos distintos— logran una fusión única: un cuento “luminosa por fuera y oscuro por dentro”.lc