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¡A recuperar la calle!
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¡A recuperar la calle!

miércoles 01 de julio de 2020, 20:58h

Ok, ya sabes que la película AMANDA va. Te lo informé. Sabes que tengo en mi casa todos los ejemplares de LOS CUENTOS DEL OTRO, esperando el día de ponerlos en circulación en la Academia Dominicana de la Lengua. Igual sabes que, con las precauciones de rigor, tienes que ir a votar el 5 de julio (¡malditos sean los indiferentes!).

Ya sabes cuáles son las 10 Premisas Inmutables para el Actor (https://www.diariohispaniola.com/tag/premisas) y las Premisa Sencillas para el Dramaturgo que comienza (https://www.diariohispaniola.com/noticia/61880/punto-de-mira/premisas-sencillas-para-el-dramaturgo-que-comienza.html).

Todo eso tú lo sabes, yo y los demás también. Lo que no sabemos ahora mismo es cómo se ven las calles de la ciudad cuando termina la tarde. Tengo cuatro meses que, una vez llegadas las seis pm, ni me he asomado al patio de la casa. He olvidado cómo se ven en las calles los rostros de amigos y amigas iluminados por estrellas y lámparas eléctricas.

Nunca creí que me fastidiara abrir un libro. Tengo dos días que no quiero ni tocarlos. Me he visto obligado a convivir maritalmente con Netflix (un secreto: también con cientos de canales piratas). Desde anoche pedí a mis abogados que me divorciaran a vapor de los servidores de películas.

Esperanza de Peña y Osiris Madera (empeñados en volverme eterno) ya comenzaron a administrarme el anual tratamiento de Células Madres y otros estimulantes para de mis defensas interiores. Ahora exigen de mí una rigurosa dieta. La he pospuesto para mañana por razones entendibles: un desacato.

La cocina es una mis pasiones. Tengo tres días haciendo que Renata Cruz, Johan Bueno y el chino más cercano me cocinen.

Es que algo ha cambiado: ¡He recuperado mi libertad!

No se trata de una libertad plena. ¡No! No podré estacionarme, junto al poeta Juan Freddy Armando, en el restaurante de Cheska. No podré. No me colaré en el Boga-Boga en las sabias tertulias de Nasarquín Santana. No lo haré. Pero, a los ocho en punto de la noche, vestido correctamente y ensombrerado, me montaré en mi todo terreno negro y tomaré las calles. En ellas no espero ni pido mucho: sólo encontrar curiosos como yo.

Sé que tendré que llevar mis más potentes espejuelos para poder reconocer los olvidados contornos de los rostros, ahora convertidos nada más que en recuerdos. Los aprehenderé rápido. En fin… ¡enmascarado como un delincuente voy pa la calle! Y maldito sea aquel que se le ocurra recordarme que debo terminar esta entrega, como casi siempre, con la palabra…

¡Telón!

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