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Los cuentos del abuelo Lisandro

Los cuentos del abuelo Lisandro

jueves 25 de agosto de 2016, 18:14h
Antonio Sánchez Hernández, autor de "Los cuentos del abuelo Lisandro", nos habla de su libro. Son relatos de su abuelo que constituyen "una síntesis de la memoria de todos nuestros abuelos" según expresa Enma Polanco, decana FSCE/UASD, en la presentación de esta obra publicada en el 2005.
Los cuentos del abuelo Lisandro, una vez escritos, resultaron ser una suma inacabada de historias, ficciones y pasajes de nuestra pobreza histórica secular, un trasfondo de identidad del hombre dominicano, un mestizaje de cinco siglos, que tuvo como referente literario un tiempo de haberse pensado, un tiempo de haberse vivido, un tiempo de haberse escrito y ahora un tiempo de publicarse.
Resulta que el abuelo Lisandro descubrió durante la elaboración de estos cuentos, cuantas ficciones había acumulado su mente a lo largo de su vida, que juntas y concatenadas con sus propios personajes, armonizan con la idea de preguntarse quienes fuimos y quienes somos ahora los dominicanos, utilizando como recurso explicativo cuentos y relatos de pobreza, de diferentes épocas, con la ayuda de diferentes escritores y ambientes literarios.
Se comprende entonces el enorme agradecimiento que le profesó el Abuelo Lisandro a personalidades como Don Juan Bosch, Don Pedro Mir, Don Emilio Rodríguez Demorizi, Don Roberto Cassá, Don Carlos Esteban Deive, Don Federico Henríquez Gratereaux y otros intelectuales de nuestra clase media pensante que hicieron posible su presencia, en sus propias voces, en sus propios tonos, en sus propias poesías y en un español impecable, formando así parte activa de estos relatos, de sus ficciones verbales y apariencias de vida:"cada quién escribe para recuperar una inocencia perdida".
La palabra mágica, isleña, influyente, familiar, novelesca, desafió en el Abuelo Lisandro el normal desaliento que producen las fábulas de nuestras eternas sociedades de pobrezas, como había sucedido ya antes a otros escritores dominicanos. Y para que la tristeza no fuera una vez más regazo de su mansedumbre, pues el sur también existe en el mundo de las apariencias de vida, precisó auxiliarse de otros escritores de renombre mundial. De tal manera, que muy buenos escritores se juntaron en un largo convite, para no huirle al enorme problema de la pobreza y retarse desde ese lado de la barrera como ficción de la propia vida real. ! Y nada mejor para el Abuelo que contar con esos nuevos alientos y sólidos pertrechos literarios!
De tal modo que estos cuentos tan pretenciosamente isleños y tan simplemente criollos y dominicanos, tampoco hubieran sido posibles sin la presencia activa de novelistas y escritores tales como Marguerite Yourcenar, Marguerite Duras, Romain Rolland, Gonzalo Torrente Ballester, Stefan Zweig, William Shakespeare, Octavio Paz, Umberto Eco, Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Jacques-Stephen Alexis, J. Krisnamurti y otros creativos no menos relevantes.
Los hermosos pensamientos de autores nacionales e internacionales quedaron siempre entrecomillados en los relatos del Abuelo Lisandro, pero la verdad sea dicha: esas ideas se le fueron juntando en su cabeza y justamente el primer día en que la vejez tocó su puerta en pleno corazón del Ensanche Gazcue en la capital dominicana, se le ocurrió la afortunada idea de que por la vía literaria podrían participar, todos juntos, en la creación de estas ficciones, con él y junto a él, en estas historias de pobrezas en nuestro Valle de la Vega Real. Hablaron, se pidieron permiso y civilizadamente se pusieron de acuerdo.
Y de esta manera, ya inseparables en este largo trecho de fábulas tropicales, todos hijos de esta comunidad isleña y caribeña, como parte de nuestras familias criollas donde sus personajes incluyen los naturales ambientes familiares de todas las edades, y con sus siempre gratos recuerdos, formarían el insumo principal: ahí pasado y presente se juntaron, cuando todos éramos o seguíamos siendo trotamundos activos o trotamundos pasivos, pero trotamundos.
Afortunadamente como todos los paraísos son interiores, esa mezcolanza de fábulas vividas, de historias contadas y de relatos hechos y contrahechos, felizmente acompañado de tantos amigos entrañables, nacionales e internacionales, permitiría renacer al Abuelo Lisandro en muchos sentidos y sé muy bien que el más que nadie lo agradece infinitamente. !Como si realmente se pudiera cambiar de vida de forma tan real y concreta casi en la cuarta edad y no agradecerlo en una ciudad con tantas malas noticias consecutivas desde que entramos en el siglo XX1 y donde casi nunca pasa nada trascendente, como no sea en el mundo fabuloso de nuestras ficciones!. Y así en un hermoso Ensanche jardín de aspecto decadente de la ciudad de Santo Domingo, permitir al Abuelo Lisandro, un abuelo sin tiempo, el valor de presentarse ante el público, con su primer presente novelesco.
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