4 de diciembre de 2020, 22:10:22
Nacional


Carnaval fiesta de la identidad dominicana

Por : Virginia Roca Pezzotti

Por Virginia Roca Pezzotti

En cada región del país, y en cada provincia que geopolíticamente lo conforman, el carnaval adquiere un prisma diferente, perfilándose con características únicas . El Carnaval en la República Dominicana, con sus trajes multicolores, sus roba la gallina, sus tiznaos, sus diablos cojuelos, lechones, taimacaros, papeluses, y tantas otras expresiones de creatividad popular que se van sumando a lo que ya la tradición.


Santo Domingo.- Con febrero llega a la República Dominicana, el Carnaval, la fiesta que une a todos en una explosión de color, alegría, y complicidad de grupos, que mantienen la identidad a pulso de trabajo, creatividad, persistencia y sentido de lo colectivo.

El carnaval es la celebración de la carne, es la celebración del exceso de la carne del ente humano. El cane-vale o adiós a la carne, es una celebración que se rige en sus orígenes, por el calendario lunar, al igual que la celebración cristiana que le sucede, la Cuaresma.

 En la Republica Dominicana, el carnaval inicia como una celebración que se expande por todo el territorio de la isla desde época de la colonia, traída esa manifestación junto con la evangelización y toda la cultura que la civilización judeo-cristiana de occidente implanta en toda América, a cruz y espada.


En cada región del país, y en cada provincia que geopolíticamente le compone, el carnaval adquiere un prisma diferente, perfilándose con características únicas que le son propias a la idiosincrasia de esos grupos sociales que se constituyen en la diversidad dentro de la unicidad cultural de los dominicanos.

Por lo que hablar de carnaval, es hablar de un sin números de manifestaciones que identifican comunidades que durante ya más de quinientos años, celebran una expresión que es común a toda Hispanoamérica, y a toda Latinoamérica, por tener un mismo origen, bien que en cada comunidad va tomando las formas que el imaginario popular ha otorgado como significante, a este símbolo que se opone vehementemente pero sistémicamente, a la Cuaresma.

Al visitar a la provincia de La Vega, se podrá encontrar el Carnaval más antiguo de América, exhibido orgullosamente con unas máscaras de la más refinada técnica de papier mache, y unos trajes que con la creatividad que les caracteriza, aun guardan elementos originales de la Edad Media que le vio nacer.


Estas máscaras que invaden el espacio público, cada domingo, durante todo el mes de febrero, son los Diablos Cojuelos.

En la provincia de Santiago, las máscaras que llenan de fantasía las calles, son Los Lechones. La belleza de sus trajes, la elegancia de sus movimientos, y las particularidades de sus vestimentas solo se encuentran en las expresiones de carnaval de esa provincia.

Los Toros y Civiles de Montecristi, de Dajabón, y de toda la franja oeste de la República Dominicana, al igual que las expresiones de carnaval, ya mencionadas, guardan un perfil, propio, no sólo en la parafernalia de sus vestimenta, sino también en el ritmo corporal de sus movimientos, y en el espacio de interacción con el público que tradicionalmente acudía, tanto en la plaza pública como en las calles de la comunidad, a jugar, o a efectuar el intercambio ritual de fuetes y vejigas.

El Carnaval en la República Dominicana, con sus trajes multicolores, sus roba la gallina, sus tiznaos, sus diablos cojuelos, lechones, taimacaros, papeluses, y tantas otras expresiones de creatividad popular que se van sumando a lo que ya la tradición había cimentado con los años, dice a ritmo de los acordes musicales de las comparsas de fantasía de la ciudad capital, o de los pericos-ripiao que acompañan a las comparsas que representan a los indios, que es la fiesta que celebra y expone a una sola voz, la identidad dominicana en el color y el calor de un estribillo que a ritmo de las olas del mar Caribe, mueve los pies y canta: Baila en la calle de noche, baila en la calle de día...
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